
El camión se va y empieza la otra mitad del trabajo. Con un orden decidido de antemano, la primera noche en la casa nueva se duerme bien; sin él, se duerme entre cajas.
Esto es lo que una empresa de mudances deja resuelto antes de marcharse y lo que conviene que hagas tú en las horas siguientes.
Las cajas que se abren primero cuando el camión ya se ha ido
Hay una caja que decide cómo se pasa la primera noche, y se prepara el día de embalar. Dentro van las sábanas y una manta, dos toallas, el neceser y el papel higiénico, los cargadores de móvil y de ordenador, la medicación que se toma a diario, un destornillador y una llave allen, tijeras, un bolígrafo, una linterna y algo de comer y de beber que no necesite cocina. Si hay niños o animales en casa, va también lo suyo: un juguete, el pienso, el comedero.
Esa caja se marca por los cuatro lados para verla desde cualquier ángulo y se carga la última en el camión, que es la manera de que salga la primera en destino. No se apila con las demás: se deja aparte, junto a la puerta o encima de la encimera de la cocina. La decisión se toma cuando todavía tienes la casa entera delante y sabes dónde está cada cosa; buscarla a las once de la noche entre veinte cajas iguales no sale bien.
Montar las camas la misma noche en un piso del Fornàs
El montaje en destino va dentro del servicio y no es un extra que se deja para otro día. Lo que se desarmó en origen se vuelve a armar antes de que el equipo se marche: armarios, camas, librerías y mesas, con la tornillería marcada pieza por pieza para que cada tornillo vuelva a su agujero. Se monta con el mueble ya dentro de la habitación donde va a quedarse, no en el pasillo, porque una vez armado deja de pasar por la puerta.
Las camas van primero por una razón práctica: si algo se tuerce y la jornada se alarga, lo que no puede faltar es dónde dormir. En un bloque del Fornàs, con la cabina del ascensor justa, hay otro motivo. El somier y el colchón son las piezas que peor entran, así que se suben al principio, cuando el ascensor está libre y la gente descansada, y no al final, con el rellano lleno de cajas y la escalera ocupada.
Desembalaje por habitaciones en un piso de la Muralla de Sant Francesc
Cada caja llega marcada con la habitación a la que va y se deja allí, no en un montón junto a la entrada. Parece un detalle menor y es lo que separa un segundo día tranquilo de otra mudanza dentro de la propia casa. Una caja de cocina en la cocina se abre y se vacía en su sitio; la misma caja en el salón hay que abrirla, cargarla otra vez y cruzar el piso con ella en brazos. Multiplicado por cuarenta, son horas de más.
El orden que funciona es sencillo: cocina y baño primero, porque son los que hacen habitable la casa; después los dormitorios y la ropa; y al final los libros, los cuadros y lo que decora, que admite semanas sin que pase nada. En un piso de la Muralla de Sant Francesc hay una regla añadida: el rellano no se usa como almacén. Es estrecho, lo comparten los vecinos y una caja mal puesta en un giro bloquea la escalera entera.
Qué hacer con las cajas vacías y el material de embalaje sobrante
El material sobrante se retira antes de dar por terminado el trabajo: el film, las mantas de protección, las esquineras y los restos de papel salen con el equipo y no se quedan ocupando el salón. El cartón se separa y baja plegado a su contenedor, y el papel de relleno va al suyo. Plegar antes de bajar ahorra la mitad de los viajes, y en una calle del centro, con el portal justo y la acera estrecha, eso se agradece bastante.
Guardar unas cuantas cajas tiene sentido si queda una segunda tanda pendiente: el trastero que no dio tiempo a vaciar, la ropa de temporada que está en casa de alguien, la parte que espera en custodia. Se eligen las más resistentes, se pliegan y se dejan en el trastero de la finca. El resto no compensa almacenarlo, porque el cartón usado pierde rigidez y ocupa un sitio que hace falta para otra cosa.
Revisar el inventario y el estado de los muebles antes de firmar
Antes de firmar conviene dedicar un rato a la comprobación, con la lista numerada en la mano. Se cuentan los bultos, se van marcando los que aparecen y se mira si falta algún número. Después se repasan las piezas grandes —sofá, armarios, electrodomésticos— y todo lo que viajó embalado aparte por frágil. Es un cuarto de hora bien empleado, y se hace con el equipo todavía allí, que es cuando cualquier cosa se resuelve en el momento.
Lo que se vea se anota en ese momento y por escrito, con una foto si es un desperfecto. Un aviso dado con el camión aún en la puerta se aclara en dos minutos; el mismo aviso tres días después ya es otra conversación, para las dos partes. Si algo se abrió y se colocó mientras tú estabas en otra habitación, dilo y se revisa juntos. La lista está para eso, y comprobarla forma parte de la entrega.
Lo que se queda en el trastero hasta la semana siguiente
Nunca entra todo el primer día, y tampoco hace falta. Las bicicletas, la caja de herramientas, la ropa de la otra estación, los trastos del balcón, las cajas de fotos y de recuerdos: eso puede esperar sin molestar a nadie. Si la finca tiene trastero, ahí van, bien apiladas y con lo pesado abajo; y si vas a necesitar algo pronto, déjalo en la primera fila y no al fondo del todo.
Cuando la casa todavía no da de sí —porque falta un armario, porque hay obra o porque las habitaciones se van ocupando por fases—, esa parte puede quedarse en custodia con su lista numerada y traerse cuando haya sitio. Se presupuesta aparte y se entrega el día que digas. Para organizarlo, llama al 629 501 941 o escríbenos desde la página de contacto con las fechas que manejas.